mi desamparada madurez, de improviso,
retoma el bullicio de la vieja explanada.
Allí las niñas crecían tanto
que achicaron nuestros campos de juego
y los cromos se nos cayeron de las manos.
Las tardes eran largas y olían a fogata y promesa.
Hoy la música de un programa de radio
resucita los latidos y los besos que pintaron
la línea de sombra de mi puericia.
Al son de sus carnosas melodías,
las briznas memorables se condensan,
todas lejanas, todas mudas,
hasta caber en un sobre rasgado de soldaditos.
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Gonzalo Gil Martín (1997-). El mensaje oculto
2009
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